Leyendo Emeequis a través de su editora

Viétnika BatresEl carácter de una publicación es igual al de sus editores. Viétnika Batres dice que la revista Emeequis es pequeña en cuanto a su organización, pero defiende su valor periodístico e incluso afirma que con el paso de los años ha incrementado su presencia comercial.

En una casa de la colonia Condesa se reúne con estudiantes para hablar sobre su experiencia en la revista, aunque como en muchas conversaciones sobre el mundo periodístico los tópicos se salen del ámbito profesional, accede a platicar su experiencia en una de las publicaciones que hace más ruido en la ciudad de México.

El origen de esta publicación es más o menos conocido: El equipo original trabajaba en La Revista, de El Universal, donde tenían cierta libertad editorial para abordar los temas políticos más relevantes desde una postura crítica. Era el primer gobierno de alternancia en México y las herramientas de transparencia parecían brindar una nueva forma de encarar al poder. Al frente del equipo estaba Ignacio Rodríguez Reyna, un periodista acucioso y conocido como mentor de múltiples cronistas.

En 2005, los directivos de El Universal comenzaron a bloquear el trabajo de La Revista. Según cuenta Viétnika Batres, los editores entregaban cada semana el número terminado a los altos directivos, incluso después de que se mandaba a imprimir. En dos ocasiones los dueños del Gran Diario de México decidieron que los artículos de portada eran demasiado incómodos al poder y ordenaron cambios de última hora.

En una de estas modificaciones repentinas se cometió un error que develó la trampa editorial, pues aunque se suprimió el artículo incómodo -un reportaje de Daniel Lizárraga sobre el fideicomiso entregado a Vicente Fox antes de asumir el poder- la referencia quedó en el índice de La Revista.

Viétnika cuenta esta historia con una media sonrisa dibujada en la cara. En realidad es una versión que se conoce bastante bien en el medio periodístico: cansados de esta situación, los colaboradores de La Revista renunciaron a El Universal para crear su propia publicación.

El nacimiento de Emeequis fue resultado de la participación de múltiples actores de la sociedad que buscaban crear un nuevo medio independiente. Fueron convocados ciudadanos de diversos orígenes, intelectuales y periodistas para crear una base económica que sirviera para lanzar la revista, antes de que el crow founding –cuando una multitud se junta u organiza para fondear una causa- fuera famoso en estas latitudes. Finalmente lo consiguieron y nació Emeequis.

Hay una parte de lo que cuenta Viétnika que hace parecer que trabajar en Emeequis es medio jodido (quien lo dice, si es Viétnika, en comillas): espacio pequeño, muebles puestos por los propios periodistas, futuro incierto, falta de experiencia en el mercado… Sería jodido si no existiera la otra parte: una apuesta periodística basada en la crónica y la investigación de los temas centrales.

La entrevista con estudiantes del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) coincidió con la salida de un reportaje de portada sobre Julio Cortázar, en el que se exhibió cómo el escritor era seguido por espías de la Dirección Federal de Seguridad –un organismo policial del Estado mexicano que antecede a los actuales organismos de inteligencia- y que bien podría resumir el trabajo de la revista. Se trata de un tema que está a la vista de todos, con un banco de información- el Archivo General de la Nación- abierto y que sin embargo pocos periodistas tienen el tino de descubrir, editar y presentar de forma tan cuidadosa como el número de septiembre de 2014.

El carácter de una publicación lógicamente está en quienes la hacen. Aunque en el caso de Emeequis la voz principal es la de Ignacio Rodríguez, algo puede rastrearse del color de la revista en el perfil de Viétnika Batres, la segunda a bordo, que pertenece al equipo original de La Revista y que vio pasar los primeros años inciertos de la publicación, al grado de tener que suspender los salarios durante algún tiempo y tener ediciones de escaza circulación.

Para cada problema de la revista tuvo una respuesta: la señora de limpieza siempre tuvo seguro social, la oficina de Ignacio Rodríguez es el lugar más seguro para guardar los cuadros que no se vendieron en la subasta inicial, los socios pueden ir cuando quieran a preguntar por las finanzas (“por qué no se pararon ahí en las épocas difíciles”, pregunta Viétnika), la redacción ha funcionado como escuela para reporteros que no siempre fueron agradecidos y así sucesivamente; una publicación pequeña pero de la cual se habla ampliamente.

Si algo tiene claro la editora es que la vocación de Emeequis es el periodismo serio y que éste es bien valorado por la sociedad; que se puede construir una publicación que sea honesta con sus lectores y frontal con los poderes.

De risa fácil, seguridad al hablar y con una anécdota lista sobre reportajes o cosas interesantes de la revista (como cuando tuvieron que aprender el sistema de distribución de las publicaciones impresas) Viétnika se desgrana, platica de forma abierta, con una postura clara sobre las cosas e invita a los cuestionamientos.

En efecto, tras conocer a Viétnika Batres se lee un poco la revista Emequis.

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