Permiso de alto nivel: cuando Estados Unidos palomeó al Negro Durazo

Arturo DurazoLa mañana del 25 de agosto de 1976 el Presidente Electo recibió al embajador de Estados Unidos que estaba investigando la conformación del nuevo gabinete y tenía especial preocupación por el perfil de uno de sus colaboradores, quizá el más cercano.

Joseph John Jova no tuvo que sacar el tema, fue el propio José López Portillo quien tomó la iniciativa y decidió hablar sobre Arturo Durazo Moreno, cuya fama preocupaba al interior del equipo de transición y activaba las alarmas del otro lado de la frontera.

El mexicano reconoció que su relación con Durazo tenía más de 40 años y se remontaba a sus épocas estudiantiles. Dijo que Arturo siempre había sido un “salvaje”, un tipo impetuoso, muy atlético, algo indisciplinado pero valiente y un verdadero amigo.

Sin falsa modestia López Portillo dijo que él siempre había sido más inteligente, pues era quien daba buenos consejos y ayudaba a preparar los exámenes, aunque su relación con Durazo se complementaba en otros ámbitos: cuando jugaban futbol Arturo era excelente ejecutando las jugadas y confrontándose con los rivales.

Desde el principio reconoció que para la fuerza y personalidad de Arturo únicamente había dos caminos: trabajar para la ley o para el crimen… aunque en México estos dos mundos comúnmente se entrelazan y por ello le preocupaba que su amigo tuviera ligas con el negocio de los estupefacientes.

Al no ser una visita judicial ni vinculante, el experimentado diplomático se limitó a escuchar la confesión de más alto nivel, mientras seguían desayunando en una zona asegurada por el Estado Mayor Presidencial.

Las deferencias para el amigo Arturo no pararon durante toda la conversación: confiaba absolutamente en su lealtad personal, sabía que arriesgaría su vida para salvar la suya, le confiaría la seguridad de su familia y le había tenido en el círculo más íntimo durante toda la campaña.

José López Portillo no ocultó sus intenciones y las puso sobre la mesa para que el gobierno amigo las sopesara: quería mantener a Durazo en algún cargo de seguridad, de poder e influencia, pero aseguraba que tenía la capacidad de controlarlo adecuadamente y no le daría ninguna cartera relacionada con el combate a las drogas.

Mientras avanzaba la plática matutina López Portillo iba adquiriendo seriedad y su discurso se confundía con el de un estadista: México continuará la lucha contra los estupefacientes con el mismo vigor que antes o incluso más durante su administración.

La conversación derivó en otros temas del momento, posibles nombramientos de gabinete y chismes de alto nivel, pero el tema Durazo fue el que quedó en la mente de Jova, quien agradeció a su interlocutor la franqueza y apertura para hablar del tema, sobre todo por tratarse de una amistad tan larga y por representar un riesgo directo para la seguridad del presidente electo.

Al terminar el desayuno, el estadunidense volvió a su embajada, escribió los pormenores de la reunión y remató:

Yo estaba feliz porque reconoció nuestro interés en la posible asignación de Durazo en el campo de los estupefacientes, me sentí gratificado por sus explicaciones y garantías. La utilización de los talentos de Durazo en otros campos no es algo que esté en el ámbito de nuestras preocupaciones legítimas. JOVA.

Puso punto final, llenó el formulario y ordenó al personal técnico enviar la comunicación a Washington. Así fue como el gobierno de Estados Unidos palomeo a uno de los personajes que mejor representa la corrupción y decadencia de la época presidencial.

***

Los cables diplomáticos filtrados por Wikileaks dan cuenta de que no fue la primera reunión que buscó Joseph John Jova para enterarse del tema, pues un día antes conversó con Pedro Ojeda Paullada, quien estaba listo para ocupar la Procuraduría General de la República (PGR) a partir del 1 de diciembre.

El tema Durazo fue central durante esa conversación, pues según consta en los documentos el Presidente Electo llegó al desayuno del 25 de agosto prevenido sobre la agenda que interesaba a Estados Unidos, adelantándose a los cuestionamientos y ofreciendo alternativas.

El momento de estas entrevistas Jova tenía 57 años, estaba en su última misión en el Servicio Exterior de Estados Unidos luego de haber trabajado como embajador en Honduras (1965-1969) y representante en la Organización de Estados Americanos (OEA) (1969-1974).

Fue nombrado embajador extraordinario y plenipotenciario en México el 19 de diciembre de 1973, entregó sus cartas credenciales el 30 de enero del año siguiente y sirvió a su país en ese puesto hasta el 21 de febrero de 1977. No tuvo ninguna otra asignación en el exterior y murió en 1993, con 77 años cumplidos.

Escribió el cable como parte de sus tareas de inteligencia en México, teniendo como contexto la Guerra contra las drogas que inició Richard Nixon en 1971, el presidente de EU que renunció el 8 de agosto de 1974 forzado por el escándalo del Watergate, por lo que aún tuvo tiempo para nombrar Jova como embajador.

***

Henry Kissinger A su escritorio llegaban documentos secretos de todas partes del mundo, sobre todo relacionados con la URSS y la seguridad interna de Estados Unidos; aún así, algo llamó su atención en el cable venido desde la ciudad de México, porque dedicó unos minutos para analizarlo y escribir una respuesta de vuelta.

Desde el Departamento de Estado Henry Kissinger tenía un amplio panorama sobre los intereses de su país y el mapa internacional era un tablero para acomodarlos; en un mundo polarizado su relación con el vecino tercermundista no era un asunto menor, por ello había ordenado un seguimiento puntual al cambio de gobierno para que no hubiera ninguna sorpresa, sobre todo en el tema de seguridad.

Aunque estaba acostumbrado a tratar con el Presidente de Estados Unidos y con los jefes de Estado más influyentes del globo para él la burocracia mexicana y sus orientaciones eran un tema corriente.

Estamos encantados de aprender sobre sus conversaciones con JLP y Ojeda, le escribió a Jova.

Kissinger dijo que era tranquilizador saber que el Presidente Electo conocía la naturaleza de Durazo, además de que era suficiente el compromiso de mantener la lucha contra el crimen organizado. “Estamos en completo acuerdo con usted, el asunto de Durazo debe quedar tal cual, sin discusiones”.

Acto seguido el secretario de Estado consultó al embajador sobre cuál debía ser la estrategia en el combate a las drogas y puso a su disposición el envío de más personal capacitado, aumentar los apoyos o tomar acciones directas.

La preocupación es que con el cambio de gobierno la burocracia mexicana pierda poder de acción, lo cual podría afectar la campaña contra los cultivos de amapola, escribió.

 Y acaba: “Sus opiniones sobre este problema se apreciarán, así como cualquier solución existente. KISSINGER”.

***

El inicio de sexenio fue fastuoso. Apenas José López Portillo se puso la banda presidencial comenzó un intento desaforado por desmarcarse de su antecesor con una limpia en el gabinete donde sólo repitieron dos funcionarios en los puestos clave (Muñoz Ledo y Ojeda), aunque en realidad siempre estuvieron más identificados con el nuevo Ejecutivo.

Arturo Durazo quedó fuera de los puestos federales, pero aún así su amigo le consiguió un puesto de seguridad, de poder e influencia: director de Policía y Tránsito de la ciudad de México. Durante el sexenio 1976-1982 la institución vivió un proceso de decadencia hasta convertirse prácticamente en una banda criminal.

La prensa de la época cuenta cómo se institucionalizó la corrupción, el asesinato de 14 colombianos que querían competir en el mercado de la droga, la poca confianza que se tenía en la policía y los excesos en fiestas que tenían lugar en residencias extravagantes1. Uno de sus colaboradores más cercanos, José González, narró decenas de actos de corrupción en su libro Lo Negro del Negro Durazo, que fue un éxito editorial en la década de 1980.

El poder Presidencial garantizó que Durazo no tuviera ningún problema en el sexenio 1976-1982, pero el sucesor de López Portillo llegó con las mismas ganas de romper con su predecesor e inició una campaña de renovación moral que incluyó el ataque a las formas más cínicas de corrupción del sexenio anterior. Así fue como inició la persecución de Arturo Durazo, primero en México y luego en el extranjero cuando se reportó su presencia en países como Estados Unidos, Canadá, Puerto Rico, Italia y España.

El ex funcionario fue detenido en 1984 gracias a la cooperación del gobierno de Estados Unidos, quien tenía una acusación contra Arturo Durazo por tráfico de drogas y otros delitos que finalmente lo llevarían a la cárcel. Para entonces Kissinger ya no era secretario de Estado; Nixon, Jova y López Portillo estaban en el retiro.

Fuentes:

  • Cables de Wikileaks disponibles en wikileaks.org:

1976MEXICO10915_b

1976STATE213329_b

  • González, José, Lo Negro del Negro Durazo, Editorial Posada, México 1984.

  • Departamento de Estado de Estados Unidos, archivo histórico, en http://history.state.gov
  • El País, archivo digital, 31 de enero 1984.

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