Crónica: Desalojo bajo helicópteros

Imagen¿Tienes miedo?

-No…

Nadie sabe si miente, pero antes del paso arrasador de los antimotines dos helicópteros dan el primer golpe a la voluntad de los manifestantes: de sus hélices sale un ruido seco y contundente que no se detiene durante seis horas.

El Greñas llega al Centro Histórico para unirse a sus compañeros anarquistas, una especie de tribú con líder definido y código que mantiene fuera los nombres: el obeso es ‘el Gordo’, el flaco es ‘el Huesos’, el de la cachucha ‘el Gorra’, el de rastas ‘El Rasta’…

Al poner los pies en el Zócalo se da cuenta que la estrategia intimidatoria es apabullante: calles aledañas se llenan de policías, negocios comienzan a cerrar y de todos lados llegan mensajes con el ultimátum de desalojo… pero sobre todo los helicópteros.

La tarea de los Black Hawk es simple, sobrevolar a los manifestantes para impactar con la majestuosidad de su estructura; tan bajo que desde tierra se pueda leer POLICIA FEDERAL a sus costados, tan lejos y rápido que nadie se atreva a atacarlos.

Los anarquistas pretenden que no le afecta el ambiente, sincronizan su discurso y se preparan para la guerra.

El Greñas y sus compañeros invierten cuatro horas en la delicada tarea de formar una barricada: primero vallas que dejó el gobierno del DF, colchones, trozos de madera y abundante basura, todo unido con muchas vueltas de alambre.

La estrategia intimidatoria funciona, cada vez hay menos manifestantes, aunque los que se quedan están listos para pelear.

– ¿Por qué hay tan poquitos maestros?

– Tienen miedo de que nos madruguen, muchos ya se fueron

-¿Tienes miedo?

-No, le vamos a romper su madre a la policía

Son las cuatro de la tarde y se cumple el ultimátum; antimotines chocan el suelo con sus escudos mientras avanzan lento rumbo a la barricada, del otro lado al menos 100 manifestantes golpean piso y paredes con palos.

La barricada no aguanta ni un minuto. Cuando el primer oficial rompe la débil defensa los manifestantes huyen sorprendidos por el despliegue; apenas dan la vuelta y ya están rodeados de escudos.

El Greñas y compañía huyen por calles liberadas estratégicamente por el operativo, sin un enfrentamiento directo pero con corretizas donde se lanzan todo tipo de proyectiles. Las escenas más violentas se dan en escenarios de desigualdad: 20 uniformados contra tres manifestantes, por ejemplo.

Todo el escape es vigilado por helicópteros, aunque a veces el ruido de las hélices baja de volumen por los gritos de la batalla:

– Están dando la vuelta, ¡nos van a encapsular…!

– Los puercos salieron de Catedral y palacio nacional

Aún así, ningún anarquista es detenido, saben el momento exacto para atacar y correr, sobre todo para correr.

Tras el operativo la célula anarquista se reúne a fumar en el Monumento a la Revolución; cuentan cómo escaparon por poco de una detención o lo valientes que fueron frente a los antimotines y que están listos para volver a marchar.

A pesar de la derrota se van separando con cierto orgullo por haber estado el viernes 13 de septiembre frente a frente con el aparato represor.

Ya no hay helicópteros, pero en la cabeza del Greñas siguen batiendo fuerte las hélices del Black Hawk, generando una combinación de miedo y adrenalina que le abre los pulmones y le permite fumar con cierto placer renovado.

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