Garibaldi: antes de lo bueno

ImagenEn la esquina de Donceles y eje Lázaro Cárdenas la lluvia arrastra el excremento de los indigentes y enrarece el aire, aunque la brisa nocturna aligera la atmósfera el transeúnte huye para no mancharse de ese caldo aderezado con la suciedad que dejan los puestos ambulantes.

 La calle es lugar de trabajo de dos hombres en traje de mariachi con la tarea principal de torear a los conductores, que en realidad sólo bajan la velocidad por el tránsito de la noche lluviosa.

 Acostumbrados al fracaso van y vienen detrás de los autos, esperando al cliente que necesita una canción para seguir la fiesta, enamorar o quedar bien con la novia, pero en realidad este jueves no hay muchos.

 No son mariachis de telenovela, a estos el pantalón no les ajusta bien, el impermeable esconde la parte de arriba y en realidad los botones brillan poco… ¿dónde está el sombrero?, todo es peor bajo la luz mortecina del alumbrado público.

 La diversión está en la plaza de Garibaldi; las canciones, los amigos y las parejas que quieren una noche a la ‘Viva México’ se juntan donde hay más ruido, además tienen unos techos para no mojarse tanto.

 Dos cuadras antes estos mariachis quieren cazar a los clientes antes de que lleguen a lo mero bueno o ganar la serenata a la competencia, para eso hay que trabajar más: ir y venir atrás de los carros, brincar el charco y evitar las salpicadas, aunque por ahora nadie se pare a preguntar.

 Son la avanzada porque enfrente están sus compañeros tomando café y esperando a que sean requeridas sus habilidades musicales; además, de este lado no huele tan feo y se puede mantener las botas secas.

 Estos compañeros se ven experimentados y acostumbrados al fracaso continuo de los jóvenes que sólo ven a los automovilistas seguir su camino sin bajar la ventana ni aceptar la tarjeta del mariachi.

 No hay música ni mucho de la fiesta al estilo ‘Viva México’, los ambulantes ya se fueron porque la entrada del metro está cerrada y en el puesto de tacos de la esquina ya hasta barrieron, dejando el mercado nocturno a los ambulantes de más adelante.

 Los indigentes en lo suyo (en algún lugar hay que hacer del baño), si la sociedad los ignora ellos mismos ignoran su ambiente de fiesta, aunque cuando alguien pasa siguen estirando la mano.

 Los mariachis también estiran la mano, aunque éstos tienen que correr y cantar rápido si alguien baja la ventana: y mi palabra es la leeeeeey… no funciona, el auto sigue la marcha y se pierde en la noche.

 El joven no reclama, simplemente regresa hasta Donceles y espera al auto que ya viene, seguro es otro fracaso; de todas formas ¿si alguien quiere una serenata lo más normal en que se pare a preguntar, no?

 Un automovilista baja la velocidad, quita las luces altas, el copiloto baja la ventana, el mariachi se acerca, ignora el olor a alcohol, extiende su tarjeta, pero el diálogo es corto:

 -¿Dónde está Garibaldi?

– Más adelante…

Sólo el mariachi tiene que regresar a Donceles; primero, porque la fiesta está en el mero Garibaldi y, después, porque aquí huele a caca.

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