Günter Grass incomoda a Israel

El premio Nobel de Literatura Günter Grass publicó el poema “Lo que hay que decir”, en el que expresa su opinión sobre el supuesto poderío nuclear que ha alcanzado Israel sin que haya sido observado por ninguna instancia internacional y el peligro global que eso representa; ¿cuál es el problema?: bueno, que el escritor alemán fue un ferviente nazi durante su juventud e invirtió mucho esfuerzo en mantenerlo bajo secreto, antes de confesarlo en 2006 en su autobiografía.

Aunque el Estado israelí, sus académicos e intelectuales han disparado sus peores calificativos ante lo que consideran una agresión (sobre todo por la comparación con Irán) me parece que el poema expresa la gran complejidad del asunto, que no es menor en términos de política internacional.

En primer lugar creo que es inadecuado calificar al escritor como antisemita, pues en su obra reconoce el holocausto y el señalamiento de un posible ataque a Irán está dirigido al Estado israelí, no a sus ciudadanos.

En el contenido Grass pone el ojo crítico en asuntos que si bien son conocidos no se tocan por comodidad:

  • 1 El apoyo de Alemania para que Israel cuente con submarinos de alta tecnología con capacidad de disparar armamento nuclear.
  • 2 La nula vigilancia del programa nuclear de Israel por parte de la comunidad internacional.
  • 3 La hipocresía dominante en occidente para censurar criticas al estado israelí pese a las atrocidades recibidas e infringidas de los pueblos árabes.
  • 4 Sin mencionarlo, Grass pone a EU en la mira: Israel, su viejo aliado al que le permite todo; Irán su enemigo desde la década de los 70 y con quien mantiene una pésima relación diplomática.

Al final Günter Grass tendrá que soportar la andanada de críticas desde todos los ángulos, aunque la mayoría sean sólo “para quedar bien” con la opinión de la mayoría.

Lo que hay que decir

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,

sobre lo que es manifiesto y se utilizaba

en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,

solo acabamos como notas a pie de página.

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo

el que podría exterminar al pueblo iraní,

subyugado y conducido al júbilo organizado

por un fanfarrón,

porque en su jurisdicción se sospecha

la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar

a ese otro país en el que

desde hace años —aunque mantenido en secreto—

se dispone de un creciente potencial nuclear,

fuera de control, ya que

es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho,

al que se ha sometido mi propio silencio,

lo siento como gravosa mentira

y coacción que amenaza castigar

en cuanto no se respeta;

“antisemitismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,

alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez

por crímenes muy propios

sin parangón alguno,

de nuevo y de forma rutinaria, aunque

enseguida calificada de reparación,

va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad

es dirigir ojivas aniquiladoras

hacia donde no se ha probado

la existencia de una sola bomba,

aunque se quiera aportar como prueba el temor…

digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?

Porque creía que mi origen,

marcado por un estigma imborrable,

me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,

al país de Israel, al que estoy unido

y quiero seguir estándolo.

¿Por qué solo ahora lo digo,

envejecido y con mi última tinta:

Israel, potencia nuclear, pone en peligro

una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir

lo que mañana podría ser demasiado tarde,

y porque —suficientemente incriminados como alemanes—

podríamos ser cómplices de un crimen

que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa

no podría extinguirse

con ninguna de las excusas habituales.

Lo admito: no sigo callando

porque estoy harto

de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además

que muchos se liberen del silencio, exijan

al causante de ese peligro visible que renuncie

al uso de la fuerza e insistan también

en que los gobiernos de ambos países permitan

el control permanente y sin trabas

por una instancia internacional

del potencial nuclear israelí

y de las instalaciones nucleares iraníes.

Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,

más aún, a todos los seres humanos que en esa región

ocupada por la demencia

viven enemistados codo con codo,

odiándose mutuamente,

y en definitiva también ayudarnos.

Traducción de Miguel Sáenz. El texto original en alemán se publica hoy en el diario Süddeutsche Zeitung.

Extraído de El País.

Como es un tema complejo pongo a continuación ligas de opiniones más informadas:

Günter Grass, Israel y los nazis. Una polémica

¡A la hoguera Günter Grass!

La bomba nuclear de Günter Grass

LIGAS

Poema original en alemán  Was gesagt werden muss

¿Quién es Günter Grass?

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