Paulette

Me entere de la desaparición de una niña en Huixquilucan hasta el viernes 26 de marzo, cinco días después de que inició todo el movimiento en redes y en algunos medios convencionales; desde el principio se me hizo interesante: el reportero que estaba a lado no podía llegar temprano a la fiesta por los cuatro años del periódico porque tenía que mandar a Monterrey la información sobre la niña con “una discapacidad motriz y verbal” que había desaparecido de su casa sin mayor explicación.

Se me hizo interesante pero realmente el caso nunca me impactó personalmente; creo que eso es porque siempre soy el último de los primeros en enterarse de las cosas, entonces siempre que salía algo nuevo en la investigación no me daba tiempo de pensar alguna teoría tipo conspiración para explicarme el caso, sino que simplemente leía y escuchaba lo que opinaban los demás, un espectador cualquiera pues.

Periodísticamente es un caso que me parece relevante porque deja al descubierto la forma en que actúan las autoridades; además, es un tema que le interesa al público: estoy en contra de aquellos que opinan que los medios fabricaron con este caso una cortina de humo para ocultar otros temas (ejecuciones, violaciones a los derechos humanos, discursos, etc.).

¿Por qué le interesa al público? es una pregunta muy compleja y seguro algún investigador podría realizar un estudio al respecto,  pero por el momento me queda claro que los que trabajamos en los medios tenemos la obligación de hacer una cobertura ética y profesional, como siempre esto es más fácil decirlo que hacerlo, va aquí una pequeña problemática que se me presentó con motivo de este caso.

Durante la conferencia de prensa del 3 de abril, el día que encontraron el cadáver, se presentaron unas fotografías donde supuestamente se apreciaba cómo y dónde habían hecho el descubrimiento: eran unas imágenes de mala calidad, borrosas, desde un ángulo en el que no se apreciaba la cama perfectamente, pésimas pues. Cuando las vi por primera vez me brillaron los ojos, ya planeaba ponerlas en el lugar de la nota principal y hasta crear una foto galería. Sin embargo, cuando iba a empezar a cortarlas no supe realmente qué destacar: la pierna, la cama, la pijama, el pelo alborotado.

Entonces llegué a la conclusión de que esas imágenes eran impublicables, pues solamente destacaban la parte que las autoridades querían destacar: nada. Cualquier fotógrafo hubiera podido sacar mejores impresiones en ese cuarto. Al final esas fotos no aparecieron en la página del estado.

El otro lado de la moneda se me presentó la noche del 7 de abril; me entero por twitter que van a presentar los resultados de la necropsia a las 9. Espero y los compañeros del DF publican a las 9:15 la nota con las primeros datos y una foto del cadáver de la niña: así crudo y sin censura, sólo una marca de agua con una M de Milenio.

¿Cuál es la diferencia?, primero, la foto es exclusiva, sólo de Milenio; segunda, la imagen tiene elementos periodísticos no desdeñables, por ejemplo queda claro que el cuerpo no estaba en una bolsa. Claro que es criticable el hecho de que la foto se haya filtrado desde la PGJEM y que por lo tanto habia un interés en ello (como se corroboraría en ediciones y columnas posteriores publicadas a primera plana).

Al final coloqué la nota con la foto y todo en el sitio del Edomex; el dilema ético me superó y opté por el criterio tomado en la redacción del DF